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España en
12 puntos
1
Los derechos históricos de los españoles ¿qué pasa con ellos?

2
Los derechos políticos de los españoles ¿qué pasa con ellos?. Vivimos en un Estado Social y Democrático de Derecho constituido por Partidos Políticos, que evoluciona hacia otro constituido por tribus y queremos vivir en un Estado de Derecho, de verdad, sin apellidos y sin evocaciones parafascistas, constituido por ciudadanos libres. Los partidos políticos son necesarios, pero no son ni el Estado ni la libertad. Son necesarios, pero no son garantía de nada.

3
Revertir con legislación inversa el totalitarismo lingüístico de Cataluña, Vascongadas y Galicia, es un objetivo de salud pública.

4
Revertir con legislación inversa los beneficios de cualquier índole que se otorgue a los terroristas es un imperativo moral.

5
El ciudadano administra y gasta mejor que las administraciones locales, las locales mejor que las autonómicas y las autonómicas mejor que la central. Al ciudadano, por lo tanto, mediante la
Cédula Fiscal le corresponde transformar, directamente, el grueso del presupuesto en servicios básicos. Al ciudadano, no al Estado.

6
Reforzar de manera consistente los poderes y competencias de las administraciones locales, municipios y diputaciones es fortalecer la democracia y la libertad.

7
Un Gobierno Central Limitado, con pocas competencias, pero sólidas, firmes y no discutidas, es garantía de libertad y prosperidad. El Gobierno Central debe limitar su capacidad de gasto y competencias a lo que solo él y nada más que él puede hacer. Organizar la libertad, la justicia, la seguridad y pensar el futuro.

8
La falta de transparencia y el detestable alejamiento de las administraciones del ciudadano se combate con un Gobierno Autonómico Limitado.

9
Los
privilegios de ciudadanía y residencia se ponen bajo control de los ciudadanos. Los otorgan los municipios y sus vecinos en función de sus necesidades y el comportamiento de los demandantes. El estraperlo de dichos derechos por parte del Estado es una solución impúdica.

10
La familia es la célula social que hace habitable el paisaje político existente entre el interés común y los derechos individuales. Sin la familia, los individuos, la comunidad, la nación o el Estado dejan de ser viables.

11
El
ahorro español debe invertirse bajo el criterio de "preferencia nacional", tiene que aprender a comprometerse con la micro, pequeñas y medianas empresas, con la transformación tecnológica del saber y con las cadenas de valor difícilmente deslocalizables.

12
El Estado del Bienestar, que ya es del Malestar, se inspira en el Modelo Social Estatal, un modelo ineficiente que tiende a la insolvencia fiscal. El Modelo Atractor Social, más evolucionado moral y técnicamente, resuelve los problemas insolubles del Estado del Malestar.







DOCUMENTOS
EL ROSTRO VANDÁLICO DE LOS NACIONALISMOS
En defensa de los españoles
El coloso, Goya. El cuadro se ha relacionado con unos poemas patrióticos de Juan Bautista Arriaza, publicados en 1808, 'Profecía de los Pirineos' que describen cómo, de las montañas fronterizas entre España y Francia, surgiría un gigante, genio protector del reino hispano, que se opondría victorioso a los ejércitos del tirano Napoleón.
L
OS ESPAÑOLES estamos siendo sometidos, en pleno siglo XXI, a un genocidio cultural escalofriante con el consentimiento de todas las instituciones del Estado y con aplicación de una violencia institucional máxima. Los españoles estamos siendo sometidos a un proceso de extrañamiento cultural, histórico y lingüístico, sistemático y estructural de raíz despótica para sustituir nuestra lengua, historia y cultura, la que nos permite abrazar el mundo contemporáneo y relacionarnos con el futuro, por la glorificación de las tinieblas que nos propone el gallego, el catalán y el euskera, lenguas y culturas atrapadas en el pasado.

Los españoles estamos obligados por Ley a muchas cosas. Son leyes que nos hemos dado o mejor, que en nuestro nombre, en nombre del pueblo español, las burocracias partidarias y más que nada sus jefes, han promulgado. Y aceptando que estamos obligados a su cumplimiento tenemos que aceptar, por escrúpulo moral, que el grado de desconfianza hacia el poder ejecutivo, legislativo y judicial se ha deteriorado a tanta velocidad y con tanta fuerza, al punto de producir alarma social. ¿Cómo se ha llegado a este punto de deslegitimación institucional? No es un tema que pueda despachar con cuatro frescas y a otra cosa. Damos por sentado que nuestra clase política, con los matices que se quiera, acudirá al viejo recurso de arrojar los problemas reales a la poza séptica para que se pudran, concentrando sus esfuerzos en proteger su particular cuota de poder.

La deslegitimación, cuando se produce, tiene raíces fenomenológicas, sucesión de acontecimientos con su particular significación. La deslegitimación está uncida a un proceso emocional, necesidad de apartarse del mal, solución inmediata, y a un proceso histórico, necesidad de reparar el mal, necesidad estructural.

A la clase política se le llena la boca hablando de su legitimidad e invocando aquí y allá su condición de representantes de la soberanía popular. Su exhibición de legitimidad
destila impostura por los cuatro puntos cardinales. Saben muy bien que la invocación del pueblo español es, en la práctica, una astucia legal para legitimar un modelo institucional cerrado, orientado a dominar a los españoles, a mangonearnos y a nuestra humillación sistemática negándonos entendimiento y capacidad para administrar nuestras vidas y nuestro futuro político.

El régimen actual es un Estado de Derecho constituido por partidos políticos, no por ciudadanos libres, y de eso jamás hablan. Jamás hablan de la pésima calidad de las instituciones, subordinadas a las burocracias partidarias y con una tendencia natural al disparate institucional. No quieren hablar de la tenebrosa Ley Electoral que se dieron a sí mismos, no lo hacen de los reglamentos que convierten los poderes legislativos en correas de transmisión de las burocracias partidarias y a los representantes del pueblo en guiñapos. No quieren hablar del modelo institucional sancionado por la Constitución que convierte a los poderes del Estado, los que debieran estar separados, en auténticas gariteras.

De eso no quieren hablar. Quieren hablar de lo que les conviene, de su condición de representantes de la soberanía popular, que en su boca siempre suena a lo mismo, a acto despótico, da igual el tono en que sea pronunciado, con maneras serenas o vehementes, el rastro que deja conduce a una hoguera en la que ardemos a fuego lento los españoles. A nadie engañan cuando invocan su condición de representantes para continuar cada uno a lo suyo, a seguir conquistando espacio e influencia para las coimas y entuertos, regla suprema en las gariteras.

Los españoles nos hemos convertido poco a poco, no importan nuestras necesidades vitales, nuestra pasión por la libertad, nuestra capacidad de discernimiento, nuestra condición de pueblo de orden, nuestra capacidad para el trabajo, en un yacimiento de oro para las burocracias partidarias que tienen entre ceja y ceja un único propósito, el asalto a la caja pública para mangonearla a placer a base de aplastarnos y reírse de lo que en teoría les legitima, los españoles.

Los españoles, los hispanohablantes, hemos apoyado y fomentado el rescate —desde el español— de nuestras lenguas autóctonas que en su momento por razones variadas, siempre por falta de habilidades sociales, políticas y método científico, no supieron evolucionar, el gallego, el vasco, el catalán, el valenciano, el mallorquín, el aranés o el bable o el leonés. El pago recibido por nuestra mejor actitud ha sido la humillación sistemática y el sometimiento. Un sometimiento que se justifica invocando el pasado para aplastar a nuevas generaciones. Si la invocación del pasado es sobretodo torticera, pero también falsa y truculenta, produce estremecimiento su imposición a las nuevas generaciones. La lengua española está siendo aplastada con violencia institucional en Cataluña, País Vasco, Galicia. En dichos territorios, al que debe sumarse la Comunidad Valencia y las Islas Baleares, se está sometiendo a los españoles a una violencia institucional, de factura totalitaria, en pleno siglo XXI, escalofriante y con el plácet de todas las instituciones del Estado. En dichos territorios se está sometiendo a los españoles a un proceso estructural, imperativo, sin posibilidad de ser esquivado, para inducirnos un extrañamiento de nuestra propia lengua, cultura e historia para abrazar, demonios, la glorificación del arado y las tinieblas, una cultura atrapada en el pasado y parasitada en el presente por la ignorancia cultural, científica y política.

Los ignorantes, liderados por los asesinos y los terroristas, se han alzado con todo el poder para destruir y someter a los españoles, apoyándose en un aberrante modelo institucional, caótico y destructivo, hecho a medida de esta nueva forma de despotismo que consiste en invocar una falsa soberanía popular para organizar el extrañamiento general de nuestra historia, cultura y lengua. Los partidos políticos olvidan que lo que es España , en su totalidad, es obra de los españoles y que seremos los españoles los que, con mejor criterio, intentaremos reponer la razón, la justicia, la libertad y nuestras propias convicciones.

Deben ser revocadas todas las leyes que hacen posible el totalitarismo lingüístico al servicio del catalán, vasco y gallego y deben ser perseguidos penalmente como agentes de un genocidio cultural sin parangón, practicado en pleno siglo XXI, todos los responsables políticos que por acción u omisión han permitido semejante salvajada. Los españoles estamos legitimados para desobedecer el totalitarismo lingüístico y para responder desde nuestra lengua, el español, a la glorificación de las tinieblas que nos propone el catalán, vasco y gallego. Se avecinan tiempos de desobediencia civil, vamos a necesitar algo más que el boicot. Necesitaremos generar un discurso político de sustitución para volver a la senda de la cordura, de la razón, para perseguir el futuro, para rehacer nuestro modelo institucional, para abrazar la Libertad y la Justicia con mayúsculas, y conseguir que los partidos jueguen el papel que les corresponde, el de intermediarios sociales y no el de usufructuarios de todos los poderes del Estado.

Los partidos políticos que conocemos no forman parte de la solución, son el núcleo del problema, problema que se agrava cuando nos referimos a los partidos nacionalistas. El Estado debe estar al servicio de los españoles, de los ciudadanos, no de los partidos.
PRENSA
Nace una nueva visión de la vida en común
Nota de Prensa 0001 • 12 | Dic | 2005
DIRECTIVAS
Involución política a gran escala
Directiva 0002 • 26 | Ene | 2006
Frenar la estupidez
Directiva 0001 • 12 | Dic | 2005
DOCUMENTOS
Antonio Yuste: "España está en manos de la generación yeyé de los 70"
Por qué nos llamamos Atractor España
Programa General de Mínimos de Atractor España
¿Quién se ocupa de los derechos históricos y políticos de los españoles?
En defensa de los españoles




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