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13 Marzo 2007
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Minuto 3'23". Identificación automática de explosivo militar C4

«CARTAS LIBERCRÁTICAS»
Jean Baudrillard y la industria del retail
 
Jean Baudrillard. Teórico del simulacro. Todo en él era simulacro excepto su empanada que era real.
Antonio
Yuste
EL 6 DE MARZO murió sin morir, en Paris, a los 77 años de edad, años inconclusos e inmateriales, Jean Braudillard. A Jean Baudrillard le hubiera gustado hacer su propio obituario y declarar su muerte una catástrofe, la excepción, que desvela y derrumba el mundo imaginario en el que vivimos. Digo que no murió para no desairar sus teorías. El simulacro sustituye a la realidad. La realidad, de creer a Jean Baudrillard, hace tiempo que dejó de existir. Como no dejó su obituario se lo hacemos los demás para dejar constancia de que estiró la pata con la pena de sus allegados y la gloria sin par de sus teorías teorisísimas. Juan Baudrillard era un patafísico de postín. Con leyes imaginarias para resolver excepciones, también imaginarias. A Jean le hubiera horrorizado que le comparara con el doctor Fasutroll, el eminente patafísico, pero es lo que hay. Como en realidad no ha muerto y su cadáver no ha ocurrido, Jean Baudrrillard, encontrará un momento virtual, imaginario, estoy seguro, si así lo desea, para rebatirme.

Marx odiaba las terroríficas máquinas herramientas que cambiaron su mundo de referencias y Juanito, claro, un seguidista, le hacía ascos a los odiosos objetos que producían las odiosas máquinas herramientas de Karl Marx
Baudrillard era un marxista. Jean Baudrillard, Juanito, era también un neoludista sofisticado, un hombre horrorizado por el mundo moderno cargado de objetos con sus múltiples mensajes que tanto le abrumaron en vida. Marx odiaba las terroríficas máquinas herramientas que cambiaron su mundo de referencias y Juanito, claro, un seguidista, le hacía ascos a los odiosos objetos que producían las odiosas máquinas herramientas de Karl Marx. Era un derivado del marxismo. El simulacro es un derivado con mejor estrella, con mejor cotización, que el marxismo en el parquet académico.

Y es que el mundo moderno abruma por las posibilidades combinatorias asociadas a los objetos, sus símbolos y los mensajes que dichos símbolos contienen. A Juanito le atormentaba la mutabilidad de los objetos, que el de hoy no se pareciera al de ayer y la intuición que el de mañana será a su vez muy distinto al que tiene entre sus manos. Le producía vértigo la capacidad de nuestras sociedades para hacer evolucionar los atributos y propiedades de los objetos y como no podía ser de otro modo, le horrorizaba la televisión y su mucho poder en comparación con el suyo. Lo que le pasaba a Juanito, para entendernos, es que no comprendía el mando a distancia y que hubiera un pasarela de primavera/verano y otra de otoño/invierno y dos cada año con sus correspondientes colecciones. Nunca entendió el
pretaporter. El verdadero problema de Juanito es que nunca entendió su propia vanidad y que era tonto por su casa.

Y
si eran mutantes los objetos y sus atributos lo eran de igual modo, horror, sus símbolos y sus mensajes. Juanito repudiaba el mundo en el que le había tocado vivir, un mundo mutante, en constante movimiento, incapaz de guardar silencio y que no ofrecía blancos estables. Nunca entendió el pretaporter. Le molestaba el nerviosismo del mundo moderno. Juanito lo pasaba mal. Tanto vértigo le producía que desarrolló una teoría para combatir su vértigo, perdón, quiero decir, para desmitificar la sociedad moderna, hacerla irrelevante y solicitar su destrucción.

Juanito desarrolló una patafísica para su vértigo, una teoría muy teorisísima, sobre los objetos que inició a edad temprana con su tesis doctoral y que no abandonaría hasta el postrer día, el 6 de marzo de 2007, el día que se convirtió en fiambre, en fiambre a pesar de su teorisisíma del simulacro. Juanito se obsesionó con los Estados Unidos, país del que procedían la mayor parte de las mutaciones que tanto le perturbaban. Llegó a pensar que los useños eran ciudadanos irreales, hologramas de sí mismos, individuos imaginados sin conexión alguna con la realidad. Naturalmente, anunció en su famoso libro “La Guerra del Golfo no ha tenido lugar” que escribió entre 1990 y 1991, cuando la retina del mundo entero todavía estaba impresionada por las columnas calcinadas del ejército iraquí intentando huir de Kuwait, que dicha guerra, irreal, se había producido a los mandos de una videoconsola. Para Juanito todo era un simulacro excepto su empanada que era muy real.

Juanito experimentó con la Guerra del Golfo un arrebató teórico prodigándose con sugerentes títulos desmitificadores tal que “La ilusión del fin”, “El crimen perfecto”, “El otro por sí mismo”, “El paroxista indiferente”, “La ilusión vital”, “Las estrategias fatales” y “Contraseñas”. Un compendio de desórdenes intelectuales alrededor de la misma pamema, el simulacro o la disociación, se lo resumo, entre territorio, cuerpo y alma. Una disociación inducida por el capitalismo terminal —un mundo que en clave política se corresponde con el imperialismo yankee—, y que convierte nuestra existencia en un simulacro perpetuo.

Juanito, el fiambre, a lo que voy, es un revolucionario, otro más, que diseñó su propia teoría teorisísima para postular y justificar hasta sus últimas consecuencias la destrucción de la realidad, un subterfugio, una vía colateral para denigrar la sociedad capitalista y postular un mundo nuevo. Juanito dedicó sus días a desautorizar los objetos del imperialismo, con sus símbolos y mensajes. A tal meneseter dedicó sus días. Juanito, ya lo ven. Juanito es el prototipo de indigente intelectual francés, ignorante y muy sádico cuyas teorías forman parte de los daños estructurales inflingidos por Francia a la humanidad. El daño intelectual ha sido enorme. Su patafísica ha tomado como rehenes, a territorios, cuerpos y almas, de buena parte de los sistemas educativos del mundo occidental. Sistemas autocomplacientes que se divierten y ensimisman con la piruetas ilógicas, patafísicas, de Juanito, en apariencia, ag, inteligentísimas. Para entender el movimiento antiglobalización, el movimiento antiSol, hay que acudir a Braudillard.

Juanito predica la inconsistencia del mundo moderno y su irrelevancia y digo que era un sádico de tres pares de cojones porque no olvidó adornar el terrorismo, —L’esprit du terrorisme (2002)— en plan finolis, en plan teorisísimo, como un acontecimiento hiperreal, un exceso de realidad y único acontecimiento que logra desestabilizar el simulacro. Obviamente, la destrucción de las Torres Gemelas, le pareció poco, muy poco. A lo que voy, murió en Paris a los 77 años de edad, Juanito Baudrillard, un pájaro de mucho cuidado, el faraón del simulacro. Todo en él era simulacro, excepto su empanada que era real. Nunca comprendío la industrial del
retail —nunca entendió de qué iban Cristhian Dior e Yves Saint Laurent— y para calmar el vértigo las convirtió en simulacro y ordenó su superación por destrucción. Hala.


El día 13 de marzo, miércoles, más | ANTONIO YUSTE
Cornelie Tollens
Nuestros problemas, Mariano, son constitucionales

DIPTERIUM. Mariano, hermosura, nuestros problemas son constitucionales. Pero el Gran Prócer, el Registrador de la Propiedad, Tito Marianón, Rajoy, su hermosura con el tupé teñido, sin embargo, hay que ver, no escucha. Los grandes líderes no escuchan. Han venido al mundo para arrebatarnos y seguirles. El Gran Prócer se dirigió a las masas beneplácidas para anunciarles la buena nueva de la redención de España por su obra diligente y preclara. Les propuso una revolución cívica por él conducida y en él encarnada. No le crean. Lo verdaderamente relevante de la manifestación ocurrida en Madrid el 10 de Marzo fue el aluvión de banderas de España y que se escucharan los sones del himno nacional, en verdad, un acontecimiento extraordinario que inicia la rehabilitación de nuestros derechos civiles, políticos e históricos. Un acontecimiento que devuelve al primer plano la necesidad imperiosa que tenemos los españoles de relacionarnos críticamente con nuestra historia sin la veladura interesada y deformadora del historicismo marxista, frentepopulista y tribal (esa bufonada). Lo lamentable de la manifestación del 10M/2007 en Madrid, lo realmente cruel, es el mensaje de fondo de dicha manifestación: si me votáis los problemas de España se resuelven. Esa es la mentira, la despiadada mentira, la inmensa nada que ocultaba la convocatoria. Los españoles tenemos problemas estructurales de fondo, jurídicos, políticos y administrativos de los que el PP se niega a hablar, Dios sabrá por qué, y que el quítate tu que me pongo yo admitiendo que es un desahogo no llega a cataplasma. Nuestros problemas son constitucionales y los tenemos clavados a la chepa. Tenemos las costillas cosidas con clavos a la Constitución de 1978. A ver.

----MINUTO MUSICAL
----Eberg.
The Twinkle Tune
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