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13 Febrero 2007
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VÍDEO CSI. En el último capítulo, el 24, de la temporada 2005/06, de CSI New York, se relata con bastante detalle el compendio de recursos tecnológicos y técnicas de obtención de pruebas que se despliegan para proceder en un atentado con bomba.

Minuto 3'23". Identificación automática de explosivo militar C4. El que de ninguna manera es posible identificar—eso se desprende del sumario— en el salvaje atentado del 11M.

«CARTAS LIBERCRÁTICAS»
Aznar como patología
 
Kimiko Yoshida
Antonio
Yuste
LAS ARMAS de destrucción masiva son armas de liquidación humana, diseñadas para matar a muchas personas de forma indiscriminada y son de tres tipos, radioactivas, biológicas y químicas, sometidas a tres tratado distintos, el Tratado de No Proliferación Nuclear, la Convención sobre Armas Biológicas y la Convención sobre Armas Químicas. Está perfectamente documentado que Sadam Hussein utilizo gas mostaza y gas sarín en su guerra contra Irán. Está igualmente demostrado el ataque combinado con gas sarín y mostaza (análisis forenses), que ordenó Sadam Hussein contra la población kurda de Halabja el 16 de mayo de 1988. Ataque químico que volvió a realizar contra población chií cuando se levantaron contra Sadam Hussein después de su derrota y expulsión de Kuwait.

El gas mostaza ataca la piel, los pulmones y la zona gastrointestinal, el gas sarin paraliza la respiración. Son dos gases orientados a producir muerte por asfixia y en su defecto dejar lesiones irreversibles. En el ataque contra la población kurda están documentados más de siete mil muertes. El uso de armas químicas en la guerra contra Iran, donde murieron más de un millón de personas está, asimismo, bien documentado y fuera de toda discusión.

Lo he dicho muchas veces y lo repito una vez más: la política exterior es el excusado por donde alivia la historia. Política Exterior es sinónimo de repugnancia. Abandonará el hedor cuando sobre dicha parcela de la acción humana entre el aire fresco
Existen dos preguntas, 1) ¿quién proporcionó armas de destrucción masiva, químicas, a Sadam Hussein? y 2) ¿por qué tanto empeño, de unos y otros, de izquierdas y de derechas, en propalar que Sadam Hussein no disponía de armas de destrucción masiva? El “pringue” es la respuesta a los dos preguntas. El “pringue” de los soviéticos/rusos, de los franceses, de los alemanes y de los useños (EE UU). Los referidos se empeñaron a fondo para intentar dotar a Irak de armas químicas, bacteriológicas y atómicas. Carter, muy humillado por Jomeini, que ordenó asaltar la embajada de Estados Unidos en Teherán y les expulsó de la zona, puso a todos sus socios occidentales en disposición de favorecer al régimen de Irak porque nadie mejor que otra potencia regional podía hacerle justicia al régimen de los ayatolás.

El realismo práctico en política exterior hace posible que todos los extremos se toquen. Los dos bandos de la guerra fría contemplaban con idénticos ojos, con similar peligro, el régimen de los ayatolás y la comisión internacional que perseguía la localización de armas de destrucción masiva tenía como misión fundamental, precisamente, no tanto buscarlas como asegurarse de que no había rastro de ellas en territorio iraquí (por las buenas o por las malas).

He visto y he oído a Blair y Bush entonar el salmo del error de dar por cierto que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Aznar, la semana pasada, aprovechó su turno, para sumarse a la ceremonia de la confusión, afirmando que hoy sabe que Sadam Hussein no poseía armas de destrucción masiva pero que entonces, al hilo de la cantidad de información en dicha dirección que segregaban los servicios de inteligencia, pensó lo contrario. No me cuesta creer, por otro lado, que Aznar no supiera de la misa la media. La democratización de Oriente Medio, la tesis de llevar la Libertad a esa parte del mundo, no importa que islámico, ha sido un paréntesis histórico, ha durado el tiempo que han tardado todos los poderes consolidados en la zona y en el mundo, en retornar de manera organizada al realismo práctico, al no me toque usted el cojoncito y al qué pasa con lo mío. En Oriente Medio nadie le ha dado la bienvenida a la Libertad. Es una señora a la que se la lapida todos los días. Israel es una isla asediada por el vandalismo.

Aznar, Blair y Bush encarnan a la perfección la patología de Occidente, la parte del mundo más civilizada, más racional, idónea y proporcional en sus decisiones, pero a la postre enferma de hipocresía y atrapada en sus propios pecados de realismo práctico. Su faz es su mejor máscara. La guerra de Irak se formuló mal, muy mal desde el principio, al punto de enturbiar el necesario esfuerzo bélico. En ningún caso, los tres líderes, se propusieron hacer la política internacional comprensible, transparente, racional y lógica. Nada de eso. Fueron continuamente al rebufo de las embestidas de la diplomacia francesa y se comportaron como gurús, como demiurgos, como dominadores de los arcanos de la política exterior y del futuro, como adivinos, como personajes capaces de leer en el firmamento y sacarle punta al fulgor de las estrellas. Que espanto. Las declaraciones de Aznar, sus últimas declaraciones, las que admite su error, añaden más estupor al espanto.

Era la llama de la Libertad la que convenía defender, el único argumento posible y además necesario, un argumento al que no se puede convocar a la ONU, su enemigo jurado. Duró poco el argumento y convendría decir que duró poco el espejismo. Los israelíes se empeñaron a fondo en la tarea de proporcionar sentido a dicha acción militar. Ha sido una ilusión. La libertad no es santo de devoción de buena parte de la población occidental y mundial. La llama de la Libertad afecta y perturba por igual al régimen de los ayatolás, de la monarquías del golfo, del partido nacional/socialista siria, de Egipto, de Pakistán y de las mayoría de países árabes, perjudicando, a su vez, a los numerosos intereses económicos inducidos. Demasiado enemigo para las mezquinas y arrugadas opiniones públicas occidentales. Se suponía y con gran criterio, así se ha producido, que el radicalismo islámico concentraría sus huestes, su energía, en Irak facilitando su combate contra el terrorismo. El terrorismo necesita estados y territorio, retaguardias estables, para organizar su ataques y su guerra. ¿A quién le importa? La verdad no interesa. Poco a poco la clase política convencional, nos entierra/encierra, de nuevo, otra vez, en la ciénaga del realismo práctico en política exterior, un ámbito históricamente secuestrado al escrutinio público y donde los extremos, con suma facilidad, se tocan.

Lo he dicho muchas veces y lo repito una vez más: la política exterior es el excusado por donde alivia la historia. Política Exterior es sinónimo de repugnancia. Abandonará el hedor cuando sobre dicha parcela de la acción humana entre el aire fresco, se aireé, y cuando la acción exterior se vuelva transparente y objeto de escrutinio. No es la panacea pero es un salto incremental, cualitativo, de gran importancia. El comportamiento de Aznar es reflejo fiel de las innumerables patologías de nuestra sociedad, que suponemos infantilmente topoderosa, omnisciente y no vulnerable. Ja. La sociedad occidental, dividiéndose y consintiendo la juerga del radicalismo islámico, fuera y dentro de sus fronteras, se está metiendo en un agujero. Está por ver cómo salimos y qué es lo que pasa si Estados Unidos pega carpetazo al asunto iraquí y Bin Laden proclama que se ha cumplido la primera etapa de la victoria total sobre Occidente.


El día 14 de febrero, miércoles, más | ANTONIO YUSTE
Phillippe Perrin
Las ideologías de redención y su pesadilla

DIPTERIUM. Denunciar los errores de la organización social y las disfunciones de nuestras sociedades no es causa suficiente para reclamar su destrucción. Necesitamos conocer muy bien la etiología de los problemas que se denuncian y la supuesta bondad de las medidas de reparación en el caso de que se formulen. Abundan los teóricos de todo tipo, analistas de variada extracción totalitaria o con sustrato teocrático, les hablo del rojerío multitonal, del multiculterío folk, de sucesivas bandas de extracción religiosa o sistemas simplones de orden constituidos con fuerza, tan del gusto de la ignorancia, que establecen que basta con denunciar el envés de nuestras sociedad, su parte oscura, para reclamar la destrucción de las leyes que la gobiernan. No entro a considerar si lo que denuncian tiene pies y cabeza, es común que lo que denuncian no tenga ni siquiera tronco. Son denuncias arropadas con formatos literarios deslumbrantes de pesadumbre y desasosiego o con estilo académico pletórico de citas que se convocan para aclamar dicho punto de vista y que adquieren vistosidad, que parecen irrefutables y, sin embargo, son vías muertas, callejones sin salida. Tienen como punto de partida, todos coinciden, la naturaleza intrínsecamente bienhechora del hombre, perturbada y torcida por un orden social imperfecto. Es cierto que estamos obligados a elucidar con recursos de ingeniería social los mejores procedimientos para mejorar nuestros indicadores de convivencia, convendría, de todos modos, ser más sensatos y recatados, limitando las expectativas sobre lo que la ingeniera social puede resolver y aceptar que dicha ingeniería tiene que contemplar necesariamente el grado de controversia implícito en la condición humana. Ni somos intrínsecamente buenos ni nuestras pulsiones profundas, por serlo, son merecedoras de respeto. Somos una especie con importantísimas limitaciones sensoriales, dotados para el proceso de información, para comparar información, es cierto, pero encerrada en sus limitaciones bioquímicas, físicas. Encierro al que no podemos sustraernos y del que no podemos escapar. No somos animales perfectos. Las denuncias siempre tienen como sustrato las famosas ideologías de la redención, muy chabacanas, y todas ellas, asunto que se oculta sistemáticamente, con su específica pesadilla.

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