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09 Febrero 2007
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VÍDEO CSI. En el último capítulo, el 24, de la temporada 2005/06, de CSI New York, se relata con bastante detalle el compendio de recursos tecnológicos y técnicas de obtención de pruebas que se despliegan para proceder en un atentado con bomba.

Minuto 3'23". Identificación automática de explosivo militar C4. El que de ninguna manera es posible identificar—eso se desprende del sumario— en el salvaje atentado del 11M.

«CARTAS LIBERCRÁTICAS»
¿Existe el Estado basura?
 
Intervención de Ben Vautier. Fotografia de Georges Maciunas. El movimiento Fluxus contribuyó a romper las fronteras en que estaba sometido el arte con sus taxonomías convencionales. Incorporó la paradoja, la sorpresa, la descontextualización y al hombre, a sus situaciones y a sus objetos en sus variadas relaciones, sin presunción de eternidad y sin regateo de formas.
Antonio
Yuste
¿EXISTE EL ESTADO basura? Existen las personas y las naciones que convierten el Estado en basura. España es un buen ejemplo de nación con instituciones muy imperfectas, algunas abominables. Existen las personas propensas a la basura y existe la mitología del Estado, la fantasía del Estado y España, de nuevo, sigue siendo un buen ejemplo. El Estado absolutista (personas absolutistas) y más tarde las ideologías totalitarias, el fascismo y el marxismo (personas totalitarias), han dejado una huella altamente perniciosa en el imaginario colectivo de los españoles. Les hablo de la presunción de que el Estado es inteligente, tan inteligente y más como la suma de sus nacionales y la presunción oligofrénica de que el Estado es poderoso, más poderoso que la suma de sus nacionales. Presunciones delirantes que tienden a otorgar al Estado la capacidad para garantizar a sus nacionales esto, lo otro y lo de más allá. Ustedes saben que el Estado nada proporciona porque nada tiene, y entre lo que no le cabe proporcionar es justicia o garantizar algún principio. Nunca la nada pudo pensar o pudo garantizar qué cosa y no se tienen indicios de que tal cosa, en algún instante del tiempo, haya podido suceder.

El mal tiene raíces profundas y lo que ha sido históricamente así en el ámbito del Gobierno Central se recrudece y se multiplica en el ámbito de las comunidades autónomas, a estas alturas, una caricatura mostrenca y fatídica del Estado metáfisico
Llamamos Estado a un compendio de instituciones, organizadas de determinada manera obligadas por protocolos que las inspiran y a través de los cuales entran en funcionamiento. Eso es el Estado, el Estado moderno es el conjunto de instituciones que crea la nación política para organizar la convivencia. Y es la nación política la que elabora los protocolos de trabajo para las instituciones. ¿Qué es la nación política? Una comunidad que comparte hábitos e historia y que decide organizarse en nación para mejorar su eficacia en la convivencia. La nación política, por lo tanto, son personas, personas de carne y hueso y el Estado como ideación metafísica es basura, basura en estado puro y ganas de perturbar la razón. Ganas de origen neurasténico. El Estado no tiene existencia gnoseológica y cero capacidad para vivir por sí solo. “El Estado” no tiene existencia como concepto. Es un nombre común sin sustancia y una forma de hablar. Su mitificación responde a la deriva fantasiosa de moralistas y filósofos, pelanas del tres al cuarto, me ahorro los nombres para no dar pábulo a lo que no es conocimiento, más interesados en su deificación y con su conversión en deidad, ya son ganas, en la imbecilización de sí mismos y de la población.

No es el Estado el que nos garantiza esto, lo otro y lo de más allá, son las personas, otras personas, la Comunidad, es decir la nación, las que nos garantiza si tal cosa tiene que suceder y realmente sucede. Es la Comunidad, la nación, las personas, otras personas, las que nos brindan protección si es que en verdad, por fin, tal cosa sucede.

¿Desde cuándo un montón de protocolos almacenados en una estantería pueden garantizar qué cosa?, ¿desde cuándo un edificio sede de una institución puede garantizar a un mortal qué derecho? Los protocolos y los edificios adquieren valor funcional cuando hacen acto de presencia las personas adecuadas para hacerlos entrar en funcionamiento. Personas que responden al mandato de la comunidad, de la nación política, de otras personas. ¿Desde cuándo las sedes vacías de los palacios de justicia administran justicia?, ¿qué ejército con gigantescos pertrechos tecnológicos y automáticos, con una sobrada capacidad de fuego, de defensa y destrucción, proporciona seguridad sin soldados, sin personas?

El Estado por sí mismo, no es nada, es una entelequia, una musaraña en el imaginario colectivo. Ahora bien, el dichoso Estado, adquiere otra encarnadura, adquiere valor funcional cuando el compendio de instituciones que lo forman son habilitadas y habitadas por personas, que hacen y deshacen y que interpretan los protocolos por los que se gobiernan. Cuando el Estado son personas, con nombres y apellidos y una historia a sus espaldas, entonces y solo entonces, el Estado adquiere valor funcional. Cuando el Estado deja de ser una entelequia y se nos ofrece hecho hombre, del que conocemos su ADN, entonces y solo entonces, el Estado adquiere valor funcional, valor operacional, sustantivo. Y cuando no ocurre, nada existe y cuando ocurre, lo único relevante son las personas con nombre y apellidos, con ADN, y una historia a las espaldas, las que interpretan los protocolos y hacen entrar en funcionamiento las instituciones.

¿Por qué digo que España es un Estado fracasado, un Estado basura? Porque España, la nación española, los españoles no hemos demostrado mucha pericia en la hora de definir y elaborar los protocolos que dan contenidos a nuestras instituciones. Hemos fracasado históricamente, no ha sido un fracaso total, como nación y es un fracaso persistente, contumaz, casi obsesivo, que hace posible que ciertas personas, muy pocas, se divorcien de la Comunidad, de la nación política a la que dicen representar, se apoderen de las instituciones y se vuelvan contra las personas que les dieron mandato. Nuestro protocolos, a saber, nuestras leyes, nuestros procedimientos, son tan idiotas, están tan mal concebidos, con bases teóricas, de conocimiento, tan frágiles que hacen posible el proceso que les acabo de describir, que hacen posible que unos pocos, siempre granujas, gentes sin escrúpulos, se apodere de los recursos comunes de la comunidad, de la nación, en provecho propio y a favor de sus ideaciones y delirios.

El mal tiene raíces profundas y lo que ha sido históricamente así en el ámbito del Gobierno Central se recrudece y se multiplica en el ámbito de las comunidades autónomas, a estas alturas, una caricatura mostrenca y fatídica del Estado metáfisico. Los españoles creemos poseer un Estado que nos protege y descuidamos que es un Estado habilitado y habitado por personas particulares, con nombres y apellidos, con un ADN específico y una historia a las espaldas, el que lo manipula y lo vuelve contra nosotros. Franco y su régimen, idiota el primero y cretino el segundo, suponían que disponía de un Estado fuerte, que disponía, por tanto, de una universidad fuerte, consagrada al conocimiento y descuidó la verdad. A pesar de haber decretado
El crepúsculo de las ideologías, lo único cierto, lo que ocurrió, es que la universidad estaba fuertemente ideologizada, era marxista, hostil al conocimiento, es decir, fantasiosa y con fuertes pulsiones destructivas. Y era así porque su régimen, evidentemente, también era hostil al conocimiento y muy descuidado con la Libertad.

Lo que de verdad ocurrió es que la Universidad de entonces, y no ha cambiado un ápice al día de hoy, está construida alrededor de un corte espistemológico, el único que le interesa y que ordena el mundo, los empresarios y la propiedad de un lado, los empleados y los desposeídos del otro. Los primeros son lobos rabiosos y los segundos corderos angelicales. Es un binomio riqueza/pobreza, mostrenco y falso, que descuida los binomios realmente relevantes, Libertad/Justicia y conocimiento/ignorancia. El corte epistemológico empresarios/empleados es un corte para imbéciles, un gigantesco prejuicio, un corte gnoseológico que inspira a todo el sistema educativo y que inocula en nuestros jóvenes para que el día de mañana elaboren protocolos, leyes, reglamentos y procedimientos, para organizar la vida en común. Así nos va. El sistema político español, en buena parte, es un ruidoso y desagradable himno a la ignorancia que no deja de sonar.



El día 13 de febrero, martes, más | ANTONIO YUSTE
Sara Amodio
Los descendientes del profeta

DIPTERIUM. El islam está inmerso en una guerra interna de proporciones dantescas. Los suníes contra los chíies, los radicales contra los moderados, los radicales entre sí, los moderados entre sí, los suníes entre las distintas familias, los chiíes entre las distintas ramas. Es la guerra de todos contra todos y un modelo empírico real, de guerra total, entre corrientes religiosas, políticas, étnicas, tribales, familiares y entre personas. Un modelo de guerra total que irá, poco a poco, traspasando fronteras para trasaladarse a Irán, Siria, la península arábiga y quién sabe. Es un modelo de guerra total con los Estados Unidos, el Reino Unido y toda la OTAN en el centro del mayor avispero que se conoce y que haya tenido lugar en la historia de la humanidad desde la guerra de las religiones, ocurrida en Europa. La guerra de los 30 años fue una guerra entre luteranos, católicos y calvinistas, por un lado, entre las familias reales, entre los nobles que las apoyaban, entre obispos entre sí, entre luteranos entre sí y entre calvinistas entre sí. Si lo ocurrido en Europa, básicamente en Centro Europa, entre 1616 y 1648 fue sorprendente, no se parece ni por asomo, a la crueldad de los acontecimientos que se están dando en el seno del islam, en el siglo XXI, ¡cuatrocientos años después, armados hasta los dientes, y con bombas nucleares! La Guerra Civil en Irak es una guerra con componentes teocráticos y prosaicos al alimón, es una guerra civil sobretodo decimonónica, fuera del tiempo y que se corresponde con un fenómeno religioso el islam, muy agresivo. Cuánto más se le observa, me refiero al fenómeno islámico, cuánto más se penetra en sus entrañas más estupefacción produce.

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