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10 Enero 2007
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Minuto 3'23". Identificación automática de explosivo militar C4

«CARTAS LIBERCRÁTICAS»
Cédula Fiscal
 
Amanda Means
Antonio
Yuste
VENIMOS de un siglo fiscalmente absurdo dominado por el canon cultural de izquierdas. Un siglo, el XX, repleto de hallazgos tecnológicos y científicos pero ierrepefétido (IRPF). Los hallazgos tecnológicos y científicos, ya digo, en distinta cuantía, se han producido a pesar del canon cultural de izquierdas. Tenían que producirse porque se correspondían con la evolución lógica de los distintos dominios del saber. Finalizado el siglo XX, estamos en condiciones de afirmar, no obstante, que el canon cultural de izquierdas es, en cuanto a potencialidad y a racionalidad se refiere, un ente cataléptico, frente a los ingentes hallazgos tecnológicos y científicos.

La organización fiscal que conocemos es ineficiente y descerebrada hasta el infarto. Necesitamos otra solución, matemáticamente consistente demográficamente viable y generadora de tantos fondos de comercio como ciudadanos existen
Mientras la comunidad científica acepta que los hallazgos tecnológicos y científicos son inestables porque están sometidos a mejores hipótesis y certezas, el canon cultural, sin embargo, estructurado como dogmas en cadena, contiene una única instrucción: te será dada la felicidad. Ni siquiera tenemos que procurárnosla. Nos será dada. ¿Por quién?, por el Estado que guerreará contra otros estados y promoverá la guerra interior, haciendo derramar la sangre, para cumplir el precepto de darnos la felicidad, de repartirla y redistribuirla. Una felicidad única y monovalente a la que todos tenemos derecho. Una felicidad garantizada por el Estado y como todo lo que garantiza el Estado, de saldo.

Mientras fuimos cristianos nuestro objetivo vital era la “salvación” que había que procurarse con una vida ejemplar y el sacrificio correspondiente. Nuestro objetivo vital era salvarnos para la otra vida. Hete aquí, ya ven, que el objetivo principal de la “salvación” fue arriconado y reducido a cenizas, desplazado en el siglo XX por el nuevo canon cultural, esta vez de izquierdas, que nos asignaba una felicidad material en la Tierra que nos sería dada y garantizada por el Estado, una felicidad estándar. La felicidad, así, en abstracto, traducida al lenguaje común, consistía y sigue consistiendo en poco más que nuestra alfabetización y cuatro pastillas, dos de antipiréticos y dos de antibióticos, y un kit íntimo con un par de condones y un sobrecito de lubricante para meter por el culo.

La felicidad consistía, y sigue en sus trece, en que el Estado te sangra a impuestos antes de tomarte la temperatura y que te quita el dinero con la excusa de que sabe mejor que nosotros lo que nos conviene. De petulancia y soberbia está hecho el canon cultural de izquierdas. Es un canon sobrado, donde un ente, el Estado pendejo, autoconsistente, omnicomprensivo y todopoderoso, te quita 50 y se queda con 25 para poder gestionar los otros 25 que te pertenecen pero sobre los que no tienes ningún control.

“Te será dada la felicidad”, quiere decir, exactamente, que ocupas un lugar en el modelo de producción. No tiene nada que ver con tener derechos, ser un ciudadano o
pertenecer a una familia, una comunidad, nación o algo parecido. Tiene que ver, exclusivamente, con nuestra pertenencia a un modo de producción que te incauta una parte de tus rentas de trabajo para, por ejemplo, garantizarte que no te vas de rositas cuando dejes de ser útil, la rechifla, al modelo de producción. A saber, nos cobran por adelantado nuestra fase de inutilidad como contribuyente. No nos quitan ahora para darnos después, NO, NADA DE ESO, es al revés, nos cobran por adelantado nuestra fase de inutilidad biológica para el orden estatal.

Dado que terminarás siendo mayor —es más o menos así—, cacho cabrón y vas a enfermar y no sé cuántas pendejadas más contribuyente de mierda, que te veo venir, vas a pagar por adelantado tu etapa de pellejo. Eso es lo que dice y hace el canon cultural de izquierdas y en eso consiste la estrategia fiscal heredada del siglo XX. Es una mofa cuando nos dicen que la parte del sueldo que nos detraen, es una parte contributiva para nuestras pensiones futuras. Consiste en quitártelo por adelantado para resolver los agujeros negros de las cuentas del Estado y las promesas similares realizadas a las generaciones que nos preceden.
Liberté, Igualité y Chuleo, mucho chuleo.

Nuestra especie tiene muchas necesidades, necesitamos una sólida protección cuando somos lactantes y niños, necesitamos adiestrarnos, necesitamos cuidados y atenciones cuando somos ancianos, cuando enfermamos o cuando la adversidad se cruza en nuestras vidas. Lo que necesitamos en realidad lo necesitamos por nuestra condición de ciudadanos y como especie. Nuestras necesidades, que absurdo, no vienen dadas por nuestra posición en el modelo de producción. Necesitamos, de verdad, organizar la solidaridad intergeneracional y crear los procedimientos que más facilitan que dicha solidaridad intergeneracional, la que se da en el seno de la familia y entre individuos de una comunidad o de una nación, se pueda producir con la máxima eficacia.

A pesar de lo cual, el modelo fiscal que hemos heredado del siglo XX sigue siendo tan estúpido como el canon cultural al que responde. Nos oferta felicidad en tanto que miembros de un modelo de producción, de ningún modo como ciudadanos y lo hace de la manera más chusca que se le ocurre: te quita 50, se queda con 25 para pagar todos los gastos que le ocasiona la quita y te devuelve otros 25 en servicios que él gestiona y de los que se queda otros 12,5. La felicidad que oferta el canon cultural de izquierdas se presenta en forma de bicicleta para que llegues hasta ella con la promesa de que el Estado pedaleará por ti.

No se conocen, sin embargo, personas que hayan visto sobre los pedales más piernas que las suyas. No soy capaz de imaginar cómo el Estado puede dar pedales por mi y no me cuesta trabajo imaginar, ¡Jesús!, su competencia y habilidad para meter palos entre las ruedas.

No faltan los que reclaman menos sorna con el canon cultural de izquierdas y más respeto con el Estado pues con todo y a pesar de lo dicho, las cosas funcionan. Estoy de acuerdo. Las cosas funcionan a
pesar de todo. ¿Qué pasaría sin tanto pesar? En la práctica nadie necesita que el estado le otorgue y garantice la Felicidad estándar o que el Estado le trate como a un miembro de un modelo de producción. Necesitamos todos, sin embargo, eliminar el absurdo, el canon cultural de izquierdas, y organizar con procedimientos que disipen menos energía la solidaridad intergeneracional, la que en la práctica necesitamos como el comer, de manera constante y a lo largo de la vida, para organizar la crianza, para defender nuestra salud, para adiestrarnos y para organizar la vejez, con los nuestros y a nuestro modo, sin la petulancia y soberbia del canon cultural de izquierdas que opera como un dogma pero que es un decir. Es un canon que tampoco nos garantiza la inserción en su fabuloso modelo de producción. La inserción se la procura cada uno y con la ayuda de los suyos y las oportunidades también, asunto que no ha variado desde el principio de los tiempos.

La organización fiscal que conocemos es ineficiente y descerebrada hasta el infarto: ierrepefétida. Necesitamos otra solución, matemáticamente consistente, demográficamente viable y generadora de tantos fondos de comercio como ciudadanos existen. Esa solución se llama
Cédula Fiscal que se comporta como un activo financiero, todo lo contrario a la estrategia ierrepefétida que conocemos. El dichoso canon, el de izquierdas, se fundamenta en la incautación de nuestras rentas de las que una mínima parte convierte en servicios de controvertida calidad y escasísima productividad.


El día 11 de enero, jueves, más | ANTONIO YUSTE
Nancy Pelosi
Nancy Pelosi en burka
DIPTERIUM. Ben Laden hace política a escala planetaria. Sus huestes proclamaron hace unos meses el Califato de Mogadiscio. Quiso quedarse con Somalia y ahora se consume en un extremo de Somalia, bajo fuego americano. A sus huestes le rompieron la crisma las tropas etíopes y ahora se la rompe los Estados Unidos. La "Unión de Tribunales Islámicos" el brazo somalí del Al Qaeda, están dirigidas por preclaros líderes formados y entrenados en las mezquitas del Reino Unido. A Pelosi, la flamante Presidenta del Congreso de los Estados Unidos, y a los demócratas les crecen los enanos. No saben qué hacer y por dónde empezar. Se debaten, como grandes estadistas que son, entre reforzar las tropas en Irak y en Somalia o e invitar a Ben Laden a Estados Unidos para que lo islamice por la fuerza. La demagogia, es lo que tiene, es muy puñetera. El mundo islámico espera esa foto, la foto del escándalo: Nancy Pelosi en burka
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