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«CARTAS LIBERCRÁTICAS»
Nancy Pelosi y los golfos del Golfo
 
¿Nancy Pelosi es Cristina Sánchez?
Antonio
Yuste
LA GUERRA Y POSTGUERRA de Irak y de Afganistán era un asunto, hasta antesdeayer, de Bush, ese degenerado, y de su partido, el partido republicano, un montón de fachas y de meapilas. Todo ha cambiado. Desde las pasadas elecciones del día 9 de noviembre, la guerra y postguerra de Irak y Afganistán, es también un asunto de los demócratas, que son mayoría en el Congreso y en el Senado. Y es el Congreso quien libera fondos para mantener la guerra. El Congreso es el maná. La guerra y postguerra de Irak y Afganistán, por lo tanto, ha dejado de ser un asunto exclusivo de Bush, el malvado, para convertirse en un asunto, al alimón, de Nacy Pelosi, la hiperliberal y megaguay congresista por California, flamante Presidenta del Congreso, con un pasado que en Estados Unidos llaman liberal radical y que en Europa llamaríamos izquierdista. Pertenece a los que creen en el Proyecto Millenium de la ONU. Nancy Pelosi es una redistribuidora. Pertenece al grupo izquierdista iluminista uncido por la divinidad para recoger la cosecha pública y repartirla con su indiscutible criterio justiciero, emancipador y liberador de etnias, minorías, excluidos y grupos sociales topechachis.



Nancy Pelosi
¿Se reinventará Nancy Pelosi para dar un giro a su visión de los temas de seguridad nacional? Nadie lo sabe. De lo que no cabe duda es de que la postguerra de Irak ya es un asunto de Bush y Nancy Pelosi. Los demócratas pueden ordenar al Presidente que retire las tropas de ambos países. Tienen instrumentos legales y ejecutivos para hacerlo. El Congreso de Estados Unidos en nada se parece a los Parlamentos Europeos, descafeinados y capidisminuidos. El Congreso de Estados Unidos tiene mucho poder. Los representantes del pueblo tienen mango por donde agarrar la sartén.

Todo parece indicar que el próximo Presidente de los Estados Unidos será una mujer sin nada extraordinario se produce hasta la próximas elecciones. Nancy Pelosi ha repetido insistentemente que las tropas de EE UU deben retirarse de Irak. De cómo gestione la postguerra de Irak dependen sus posibilidades presidenciales. Es la tercera en la línea de sucesión y su poder institucional es extraordinario. Apostó por convertir las elecciones en un plesbicito sobre la postguerra de Irak, arrastró al Partido Demócrata y ganó. Es su turno.

“Las mujeres están menos preocupadas por la retórica machista sobre la guerra” y “son más pragmáticas sobre los costes de la guerra”, en boca de la Sra. Pelosi suena a resolución ejecutiva. Ahora tiene la posibilidades de sustanciar su punto de vista sin la alharaca electoral. El toro que ve el torero tiene distinto tamaño y fiereza al que vemos desde las gradas. ¿Nancy Pelosi es Cristina Sánchez? Lo veremos, tiene que demostrar que puede lidiar el morlaco de la postguerra de Irak. La demagogia distrae al hambre pero no la quita. A ella le corresponde hacer girar la política de Estados Unidos en Oriente Próximo y tiene cinco posibilidades:
Reforzar la presencia de Estados Unidos en Irak con la excusa de una nueva estrategia y seguir protegiendo a Israel pero con menor compromiso con las monarquías del Golfo.
Retirarse de Irak, pero sin variar la política antiterrorista y manteniendo la protección de todas las monarquías del Golfo y de Israel.
Retirarse de Irak, abandonando la política antiterrorista, protegiendo a Israel pero abandonando a todas las monarquías del Golfo.
Retirarse de Irak, abandonando la política antiterrorista y ensayando una política de apaciguamiento y pacto con el terrorismo islámico para facilitar la caída de todos las monarquías del Golfo y también de Isarel (si pueden).
Retirarse de Irak y abandonar la zona a su suerte.

Contra todo lo que pudiera parecer la política exterior son habas contadas. De todas las políticas, la exterior, por simple, es la menos flexible, es casi irreductible. El margen de maniobra de los mandatarios es entre escaso y nulo. Los giros bruscos en política exterior suelen estar acompañados de grandes calamidades. Es un axioma básico, elemental, para cualquier mandatario. José María Aznar, tan marisabidillo y relamido, el que se vaciaba y se vacía, cada mañana, un bote de tintalux negro sobre la pelambre, afición muy extendida en los dominios de la política, se lo tomó a guasa y nos costó un drama (el 11M). El liderazgo que actúa como demiurgo poseedor de todos los arcanos de la política exterior, que actúa como visionario solitario, amén de imbécil, constituye un peligro público. Tanto Adolfo Suárez como Felipe González, como Aznar y ahora Zapatero, pertenecían y pertenecen a dicho grupo, al grupo de ‘los zampabollos’. La neutralidad de Suárez con coqueteos con la URSS le costó el golpe del 23F. Enviar pistoleros a territorio de un país vecino (Francia) le costó a Felipe González una pesadilla que le persiguió a lo largo de todo su mandato (GAL) y que le costó a entrega de toda su política exterior. Abandonar el alineamiento exterior con Francia, bien trabado por Felipe González, sin depurar las alcantarillas del Estado y sin el respaldo del pueblo, le costó a Aznar el aquelarre del 11M. Si fuera zETAp dormiría anclado en la veleta de la Moncloa intentando otear el futuro.

Los virajes en política exterior los pueden realizar, únicamente, las grandes potencias y con expléndida base popular. Las potencias medianas pueden acometer dichos virajes convirtiendo la política exterior en política interior y abriendo las cancelas del Ministerio de Asuntos Exteriores o de las Secretarías de Estado, para que dichos recintos sean devastados por la opinión pública. Solo acumulan miserias, las tópicas de una casa de lenocinio. La diplomacia siempre ha sido y más en los tiempos que corren, el excusado por donde alivia la historia. Los cambios en la política exterior que se hacen sin respaldo popular, para todos los casos, no existen excepciones, están condenados al fracaso y se dejan acompañar por sonadas calamidades.

Nancy Pelosi y el Partido Demócrata tienen la palabra. A ellos les corresponde definir el futuro de la zona. Carter hizo girar la política exterior de Estados Unidos como un calcetín y organizó una carnicería a escala planetaria cuyos rotos aún están por zurcir. Pertenecía al ala izquierdista del Partido Demócrata.

El Pentágono espera instrucciones, está harto del modo en cómo maneja la postguerra el gobierno de Bush. Se sienten como un elefante en una cacharrería. A su paso todo lo rompen. Los políticos les han atado las manos a la espalda y es una situación muy incómoda para el Estado Mayor. Les asesinan a sangre fría y están obligados a leerle los derechos a los asesinos. Conclusión: brazos caídos. Su huelga de celo es más que evidente. La situación les asquea y su propia competencia para gestionar la postguerra está en entredicho. La presencia de Estados Unidos en Irak no añade seguridad ni calidad. Los militares lo saben. Su presencia en Irak solo protege a las monarquías del Golfo y también lo saben.

Nacy Pelosi tiene que elegir entre gestionar la postguerra con más inteligencia práctica o retirarse. En cualquier caso tiene que elegir entre cinco hipótesis que llevan consigo la escabechina. Si se retira, la guerra entre sunitas y chiítas será devastadora, se extenderá a toda la región y tardará en tener fin hasta que tenga un claro vencedor. Los sunitas se han alineado con la Yijad Islámica y su reclutamiento es universal. Los chiítas adscritos, a la Yijad, el Ejército del Mahdi, a su escala, se refuerzan con iraníes, libaneses y palestinos. No tienen problema de retaguardia ni de dólares ni de armas. En Oriente Próximo nadan en petrodólares. Tienen dólares sobrantes, si se les deja, para incendiar el Sistema Solar. Lo más probable es que Nancy Pelosi busque la retirada de Irak intentando aminorar las consecuencias, ¿con qué?, pues todo indica que con angelicalismo, a lo Carter, con un acuerdo previo entre Arabia Saudí e Irán de naturaleza diplotóntica (diplomática).

Nancy Pelosi tiene que elegir, para concluir, entre quedarse y reconducir la postguerra de Irak o retirarse y elegir la modalidad de escabechina que se avecina. Una cosa es estar a la contra, en la oposición, protestando, y otra bien distinta enseñarle la muleta al morlaco. Nancy Pelosi apostó por el plebiscito y le ganó la partida a Bush, ahora tiene que demostrar que es Cristina Sánchez. Estaremos atentos. Tanto Nancy Pelosi como Hilary Clinton, cualquiera de las dos, pueden llegar a ser presidente de los Estados Unidos siempre y cuando superen la asignatura de Irak. El mundo las observa y la postguerra iraquí está necesitada de sabiduría. Le toca el turno a las señoras. Se enfrentan, como mujeres que son, a sus peores enemigos: a la Yijad y a las golfos del Golfo.



El día 15 de noviembre, miércoles, más | ANTONIO YUSTE
Goya. Saturno devorando a sus hijos
La inconstitución española
DIPTERIUM. A los panegirisitas de la Constitución Española, la vigente, a los que acuden a ella para refugiarse, les importa una higa, digo yo que porque tienen en bajísima estima sus propios derechos históricos, políticos y civiles, que la Constitución Española sea la única, la única del mundo, que prohibe a sus ciudadanos hablar la lengua que usan. Se lo repito, la Constitución Española es la única del mundo que prohibe a su pueblo hablar la lengua que usa. O sea, lo repito, para los duros de oído, la Constitución Española aporta al acervo de disparates, ser la única del mundo que prohibe a los españoles hablar la lengua que usan: el español. Nos obliga a hablar el castellano cuando, los castellanos, precisamente, hablan el español, el equivalente a la suma de todas las lenguas romances, de la que también formaba parte el castellano. Lo dice en su artículo 3.1 "El castellano es la lengua española oficial del Estado". Deja a los españoles sin lengua oficial, es el Estado, la burocracia, cáspitas, quien tiene una lengua oficial y es la misma Constitución la que impone, mediante otro tipo de leyes, los estatutos, que el Estado use otras lenguas, distintas al castellano, en numerosos territorios. Es decir, que España es el único país del mundo que posee una Real Academia de la Lengua Española cuya prinicpal misión es limpiar, fijar y dar explendor a una lengua, el español, que usa todo el mundo pero oficialmente inexistente. ¿En qué estaban pensando los padres de la patria cuando concibieron la actual Constitución? Pregunta fallida, no pensaban, fue un episodio de flatulencia cerebral. No valen las excusas. Les he hablado de la inconstitución española.
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