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17 Octubre 2006
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Minuto 3'23". Identificación automática de explosivo militar C4

«CARTAS LIBERCRÁTICAS»
Macroeconomía de mal gusto
 
Yue Minjun
Antonio
Yuste
LO QUE los especialistas llaman la ciencia macroeconómica ha estado consagrada a reforzar el papel director del Estado, a reforzar el poder político. ¿Y qué es la macroeconomía? Es un poderoso refuerzo para expander el poder político. La macroeconomía es, en esencia, una manifestación, otra más, del poder político que rinde pleitesía al Estado deífico. ¿Es anómalo lo que digo? No. Lo único anómalo, brutal, son las pretensiones de la disciplina macroeconómica. La macroeconomía en sus pretensiones dirigistas es un disciplina de muy mal gusto en el conocimiento y de malas formas en la conducta. Su valor y vigencia ha sido tanto más intenso en tanto se nutría de esa devoción primera: estimular la concentración de poder político.

El Estado es un sujeto jurídico colectivo y cuando es manirroto, autoritario, entrometido, descerebrado, soberbio y moroso, estamos ante una cogestión en lugar de una digestión. La macroeconomía con afanes dirigistas, autoritarios, es una disciplina de muy mal gusto en el conocimiento y de pésimas formas en la conducta
La concesión del premio Nobel de economía al profesor Edmund Phelps es un intento incomprensible, con lo que ha llovido, de hacer justicia a alguien que en su juventud, desafío a Keynes poniendo entre interrogantes la validez de la famosa curva de Phillips que invitaba a pensar que a mayor inflación mayor empleo. Curvita de gran éxito entre las corrientes de opinión autoritarias, socializantes o del progresismo progresado, que les servía como coartada para realizar políticas de expansión de la demanda, esto es, de reparto de dinero. Las teorías que sirven al poder político son bien recibidas por los enamorados del poder político en funciones de superagente instructor con galones de seis estrellas.

Edmundo Phelps se atrevió a introducir argumentos de microeconomía para desafiar a Keynes. Introdujo las
expectativas racionales para degradar el poder fantasioso de las polìticas monetarias. El Banco Central de Suecia, tan táctico en sus concesiones del Nobel, en sus reconocimientos a economistas de lustre, ha sucumbido al relativo éxito de la estrategia económica diseñada por Bush con una política expansiva del gasto público. Phelps es un keynesiano reformado o si se prefiere moderado, refractario al déficit fiscal pero con querencia por el Poder político, querencia compartida al alimón por los sectores socializantes e importantes núcleos conservadores devotos del mando económico.

El éxito de las políticas de expansión de la demanda puestas en marcha por Roosvelt para combatir los efectos devastadores del crack del 29 y el circunstancial éxito de las políticas de dirección económica de los estados fascistas, Italia y Alemania, siguen constituyendo motivo de ofuscación para todo tipo de nostálgicos del Poder Político concentrado con una autoridad estatal férrea. Los estudiosos olvidan que en los casos señalados se trato del mismo fenómeno, de políticas de expansión de la oferta respaldadas por la expansión del gasto público al servicio del esfuerzo militar. El contratista era el Estado. El Estado contrataba infraestructuras y equipamiento.

Cuando las políticas fueron políticas exclusivamente de expansión de la demanda, de distribución de dinero, se saldaron siempre del mismo modo, con estanflación, inflación, paro y recesión. El Reino Unido con políticas sostenidas de reparto, al final de los años sesenta del siglo pasado, se dirigía en línea recta a la hecatombe económica. Situación que se reprodujo con idéntica crudeza en Estados Unidos, por la mismas fechas. El Siglo XX ha servido para demostrar empíricamente, que las políticas de expansión de la demanda, de reparto de dinero, conducen indefectiblemente a la estanflación y que la políticas de expansión del gasto público en infraestructuras y equipamiento, que son políticas de oferta, inducen bienestar si el que contrata, el Estado, tienen finanzas creíbles y dispone de una economía muy saneada. Cuando el Estado que contrata no está saneado, fue el caso de la Alemania de Hitler, su única alternativa fue el saqueo y la guerra para dar consistencia y credibilidad al poder adquisitivo de su moneda.

La expansión del gasto público orquestada por Bush, muy vinculada al esfuerzo militar, tiene como antecedentes una economía estatal saneada, con sucesivos años de superavit fiscal y tras dos décadas completas dedicadas a sustituir la fascinación del Poder Instructor del Estado por la Libertad del mercado o lo que es lo mismo, constriñendo el papel del Estado al de observador del mercado, con una intervención no autoritaria, al revés, moderadora y respetuosa con las
expectativas reales. Son dos décadas que han demostrado que las políticas de contención de los precios, de estabilidad presupuestaria, de baja inflación y de reducción del papel del Estado han sido décadas de inusitada aceleración económica, tecnológica, científica, cultural y social.

Ahora podemos afirmar, con base empírica, que las políticas de Libertad, de Gobierno Limitado, de liberación de la energía que contiene el cuerpo social, son las políticas que más convienen a la Humanidad. Las políticas de Bush, de expansión del Estado, se comprenden mejor después del golpe sufrido por Estados Unidos, un golpe execrable, el 11S, propinado por las fuerzas de la oscuridad, por fuerzas medievales muy tenebrosas. Y añado que por comprensibles no dejan de ser anacrónicas.

Permítaseme, con el mayor de los respetos, dudar de la conveniencia del criterio del Banco de Suecia, tan táctico, para autojustificarse y sin temperamento intelecutal alguno, a la hora de conceder el premio Nobel de Economía. Es un premio que llega muy tarde y no se entiende bien a cuento de qué, excepto que se acepte que ha sido concedido a mayor gloria de la Universidad de Columbia. Las políticas monetarias dirigidas por en poder central han dado de sí todo lo que estaba a su alcance. Keynes se equivocó. Las políticas monetarias dirigistas son entendibles, a cambio de dramáticos costes sociales, cuando forman parte de las políticas de guerra y son incompresibles, anacrónicas e insoportables para un mundo en paz. Roosvelt inició una política expansiva del gasto público, continuada por Truman, Eisenhower, Kennedy y Johnson. Cuando Roosvelt inició dicha política las cuentas del Estado estaban muy saneadas. El resto de la historia ya la conocemos, las cuentas públicas se fueron deteriorando hasta la estanflación de los años setenta. El Estado es un sujeto jurídico colectivo y cuando es manirroto, autoritario, entrometido, descerebrado, soberbio y moroso, estamos ante una cogestión en lugar de una digestión. La macroeconomía con afanes dirigistas, autoritarios, es lo que digo, es una disciplina de muy mal gusto en el conocimiento y de pésimas formas en la conducta.



El día 18 de octubre, miércoles, más | ANTONIO YUSTE
Sarah Perry
¿Que le pasa a mi poder adquisitivo?
DIPTERIUM. Poder adquisitivo es lo que podemos comprar con nuestro trabajo. Si trabajando lo mismo podemos comprar esto y aquello y al día siguiente por obra y gracia de la política, del poder político central, de las políticas monetarias, de las políticas de expansión del gasto o de expansión irracional de la inversión, mi poder adquisitivo se volatiliza o se hunde, es obvio que estamos siendo víctimas de una intromisión delictiva y que el valor de nuestro trabajo ha sido llevado a cero o depreciado hasta límites intolerables por agentes extraños aunque entrometidos. El poder adquisitivo del euro, sirva como ejemplo, desde su entrada en vigor en el año 2.000 se ha degradado un 15% anual (un 90%) respecto al precio de la vivienda y en cantidades igualmente escandalosas respecto a otros bienes. A esto me refiero. Estoy planteando un problema que es práctico con consecuencias morales y por supuesto prácticas, de gran trascedencia, porque dependiendo de cómo se resuelva se constituyen tipos de sociedades muy distintas. Hemos constituido sociedades que han dado forma a Estados invasivos, con Estados Flatulentos Expandidos, que operan degradando los derechos históricos, civiles y políticos de las gentes, muy ineficientes, que se cimentan en supercherías y nos dirigimos a sociedades que aminorarán la parcela de poder político, con Estados racionales mejor cimentados jurídicamente.
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