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29 Agosto 2006
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«CARTAS LIBERCRÁTICAS»
El persistente encanto
de la 'peseta'
 
1 Peseta. Edición de 1951
Antonio
Yuste
A LA CLASE POLÍTICA le chifla tener la llave de la máquina de imprimir papel. Papel moneda. ¿A usted no le gustaría tener una planta de impresión parecida y convertirse en emisor de papel moneda? Es una fabriquita de nada, se necesitan quinientos metros cuadrados para producir billetes con idénticas medidas de seguridad que los actuales euros. Para ahogar al planeta con nuestro papel moneda se necesita, es obvio, instalaciones muy superiores. A lo que voy. Cuando en el Banco de España aumentan el consumo de rollitos de primavera, hamburguesas y cocacolas es que se disponen, indefectiblemente, a poner en línea sus series estadísticas, los índices de precios, de producción, de consumo, de inversión, de acumulación de inventarios, de confianza empresarial, de empleo y lo que se le ocurra para… ¿para qué?, pues para lo que importa: imprimir papel moneda. Para que la rueda gire y gire sin que se derrumbe el estaribel monetario. Los servicios de inteligencia tienen sus propias series estadísticas, igual de fiables, para saber la cantidad de dinero que se lanzará al mercado con un mes de antelación. Saben que la serie estadística más fiable no es la que hace pública el Banco Emisor, de matriz inspirativa, sino la infalible y muy precisa del establecimiento cercano que suministra pizzas al banco emisor. A mayor consumo de pizzas del banco emisor más masa monetaria en circulación.

A los políticos procedentes de la escuela del interés general les encanta dominar el mercado con una ecuación matemática. Me refiero al interés general que se opone al particular, no al interés general que se obtiene por el beneficio individual, ya me entienden, sucesivo y acumulativo. Les encanta poner orden, poner perfección, en el imperfecto y pecaminoso mundo del mercado. Ellos conocen mejor que usted y yo el papel moneda que necesitamos y el poder de compra que corresponde a dicho papel moneda. Ellos tienen sus ecuaciones y sus series estadísticas y usted y yo solo tenemos las cuentas de la vieja. Ellos tienen sus intereses superiores, las razones de Estado, y usted y yo tenemos como única referencia, pssst, fíjese, nuestro contento o nuestro mal humor. Ellos tienen sus series estadísticas y usted y yo, no tiene punto de comparación en cuanto a sabiduría, nos valemos de la impresión que nos causa dejarnos las uñas subiéndonos por las paredes cuando el puto dinero se deprecia. Ellos son científicos y nosotros unos animales.

La Unión Europea no está protegida ni vacunada contra la quiebra de confianza en la economía de alguno de sus miembros ilustres o contra la explosión de intereses contrapuestos, diametralmente opuestos, entre sus partes. ¿Podemos proteger nuestro poder adquisitivo de dichas circunstancias?
El dirigismo económico, el dominio del mercado desde un comité de fatuos, hace tiempo que está en crisis, que perdió su luminaria, que perdió el prestigio, que ni reflacta ni reverbera. Lo que importa en nuestros días ya no es dirigir el mercado sino todo lo contrario, asegurarse de que nadie lo dirige. Por eso crecen y se multiplican los Tribunales de Defensa de la Competencia. ¿Son eficaces los Tribunales de la Competencia? Casi nunca. Es el último reducto donde se cobijan los alumnos aventajados de la escuela del interés general enfrentado al interés particular. ¿Qué vigilan los miembros de los tribunales de la competencia? Vigilan el número de participantes en el mercado para decidir los que caben, los que entran o los que tienen que salir. Es su última trinchera. No vigilan lo que deben, la libertad de entrada o salida en el mercado, libertad real. Nada de eso, vigilan los que pueden entrar y los que deben salir, actividad espuria para los que no están mandatados y también en crisis. Defienden el mercado con la práctica de las abominaciones, tu sí y tu no.

Dando por bueno que los actuales desempeños de los Tribunales de Defensa de la Competencia tienen sus días contados y que evolucionarán reorientando su actividad para cumplir su verdadero cometido, la humanidad sigue uncida al último residuo de las políticas colectivistas, las políticas monetarias mediante el control del precio del papel moneda, del dinero. Los monetaristas nos advirtieron en su día, hace muchos años, del peligro inminente de castástrofe económica mundial si se seguía aumentando la masa monetaria al tuntún a precios fijos. Los monetaristas sugirieron dejar flotar el precio del dinero y vincular férreamente la emisión de moneda a series estadísticas, en un intento de objetivar su emisión para impedir la destrucción de la economía de los ciudadanos y de las naciones.

Desde que Estados Unidos decidiera eliminar, en 1971, el patrón oro, la dependencia del resto de monedas del dólar se ha incrementado muy notablemente. Confieso que me produce rubor intelectual y mucha aprensión que mi economía dependa, casi en exclusiva, de las series estadísticas que maneja el presidente de la reserva federal de los Estados Unidos o el Presidente del Banco Central Europeo. Recuerdo las ruedas de prensa del mítico Alan Greenspan. El mundo en sus manos, —¡eso era poder!—, dependiendo de su cordura y de sus ecuaciones para establecer el precio del dolar. ¿Su criterio era de verdad tan independiente como cabe deducir?. Desde luego era un mejor y más cabal criterio que el existente hasta entonces, keynesiano, cuando los bancos centrales imprimían dinero a precio más o menos fijo. ¿Alan Greenspan, pregunto, consideraba de igual modo y con idéntico respeto los intereses de los ciudadanos de Estados Unidos que los del resto del mundo?

Estados Unidos es una economía con vastos intereses en todas las partes del planeta y el Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos preservando los intereses de los ciudadanos de los Estados Unidos, cabe imaginar, entonces, que preservaba los intereses de los ciudadanos del resto del mundo. ¿Es así? No. La Reserva Federal es una institución, una más de los Estados Unidos. Existe el Congreso y las necesidades que establece el Congreso son prevalentes. El valor del dinero, desgraciadamente para los colectivistas, no depende de las series estadísticas. Una catástrofe natural o una expandida percepción social de un problema puede alterar la capacidad de compra del papel moneda. Las gentes consumen futuro y pueden ser pesimistas u optimistas. Si después del 11M, la clase política useña se hubiera quedado cruzada de brazos, resignadamente, el valor del dólar se hubiera desacreditado, es más que probable, a escala planetaria.

No quedarse cruzada de brazos, sin embargo, exigía, poner los intereses de Estados Unidos en primer plano, lo que equivale a poner en marcha una política monetaria más supeditada a los intereses amenazados de los Estados Unidos. El resultado de dicha actuación es la expansión monetaria del dólar para atender sus necesidades militares y de seguridad con el resultado lógico de depreciación, perjudicando el poder productivo del área euro e induciendo, como contramedida, una expansión monetaria del euro que por minutos parece estar fuera de control.

Si la Reserva Federal imprime dólares, el Banco Central imprime euros. El dolar, sin embargo, tiene más defensas para proteger su valor y capacidad adquisitiva, el mercado asiático y americano compra en dólares, sus monedas están respaldadas por dólares y puede distribuir mejor el peso de su expansión monetaria. Son monedas que para evitar su devaluación precipitada tienen que comprar dólares al mismo ritmo que se imprimen, cosa que también hace el Banco Central Europeo. La expansión del euro, al contrario, se hace aumentando el endeudamiento de los europeos, es una expansión que tenemos que absorber, mayoritariamente, los ciudadanos europeos. Empero, la autonomía del euro, la existencia de una autoridad que determina su precio, está sirviendo a trancas y barrancas para mantener la capacidad adquisitiva del papel moneda de los europeos dentro de un compromiso que mal que bien nos protege de la política monetaria expansiva de la Reserva Federal.

El control monetario mediante políticas de control de precios es bastante más vulnerable, bastante más, de lo que sugieren los especialistas. Las necesidades, por ejemplo, de un país en guerra, su prevalencia, no son las mismas a las de un país en paz o en aparente paz. Vemos por lo tanto que la existencia de autoridades monetarias separadas, euro/dolar, es algo conveniente cuando los intereses son distintos. ¿Qué ocurre, tirando del hilo, cuando los ciudadanos haciendo lo mismo que hacían el día anterior, se dejan las uñas en las paredes porque su dinero se ha depreciado y sus intereses no coinciden ni poco ni mucho ni nada con el de sus autoridades monetarias?

¿Qué pasaría si cada país tuviera, por ejemplo, dos autoridades monetarias diferentes, bajo presiones distintas?, ¿qué pasaría si en un mismo país circularan dos monedas paralelamente, libremente, compitiendo entre ellas?, ¿qué pasaría si en España, por ejemplo, compitieran libremente el euro y la peseta? El problema monetario no es un problema fácil pero en ningún caso es un problema superior a los problemas que tienen los ciudadanos cuando se volatiliza el poder adquisitivo del papel moneda. ¿Es posible encapsular la liquidez del dinero, su poder adquisitivo? Es posible, en todo caso, aumentar la estabilidad del poder adquisitivo del dinero que está en manos de los ciudadanos. ¿Cómo? Protegiéndolo del poder discrecional del poder político y de sus comités de fatuos, no solo dejando flotar el poder de adquisición sino haciendo, además, que compita en sus mercados naturales, eliminando las restricciones legales y las sanciones penales a la presencia de otras monedas o de una segunda moneda.

El actual sistema, el monetarista, es el último reducto de las políticas colectivistas para dominar a las gentes dominando los precios desde un supuesto comité independiente de fatuos. Ya sabemos que no buscan nuestra felicidad ni el paraíso, tampoco buscan la perfección. Buscan, exclusivamente, ahora mismo, que el estarivel monetario no se venga abajo. El valor del papel moneda, el real, lo establecen las gentes cuyo olfato e inteligencia, a la postre, es infinitamente superior a la de los comités de fatuos, admitiendo que es mucha.

La confianza en el poder adquisitivo del papel moneda hace tiempo que huyó por los desagües del excusado. El dinero se transforma en casas, pisos, apartamentos, en kilowatios, en gasolina sin plomo o cualquier otro rubro que consideren más estratégico. Cuando el papel moneda se devalúa, cuando se devalúa su confiabilidad, con gran criterio la gente compra futuro. Si hay expansión monetaria y las gentes y las empresas invierten bien, el futuro se hace más resistente. ¿Que ocurre, sin embargo, cuando no se invierte bien y hay inflación y expansión monetaria o se produce una sobrevaloración de determinados bienes? Pues pasa eso, catapún, sin que nadie, absolutamente nadie, pueda evitarlo y no importa le régimen ni el sistema económico que esté detrás o al frente.

Para proteger el poder adquisitivo del papel moneda podría tener mucho sentido, entretanto, disponer de dos monedas que pudieran competir entre ellas, con autoridades distintas. En España, vamos al caso, la autoridad del euro, la del Banco de España dependiente del Banco Central Europeo, es una hipótesis, podría competir con la autoridad del Banco Emisor de Pesetas, perteneciente a la Federación de Municipios, con sus propias reglas, sus propias series estadísticas de respaldo y su propia autoridad emisora. Los nostálgicos de un mundo univalente, colectivista, de pensamiento único, el que postula el control de las gentes por el Estado, en retroceso y en declive, poco a poco, irá dejando paso a un mundo más cierto y benefactor en el cual, el Estado, está bajo control de las gentes.

Reintroducir, rescatar la peseta, es una propuesta que se hace para poner sobre la mesa la conveniencia de encontrar respuestas a la aguda vulnerabilidad de las series estadísticas fundamentadas en el consumo de pizza. Los intereses del Banco Central Europeo no se corresponden con los intereses de los ciudadanos europeos, se corresponde, específicamente, con los intereses de Alemania y Francia, los grandes países, y más que nada con los intereses de sus clases políticas que no tienen porque coincidir con los de los ciudadanos de ambos países.

El tema monetario no es un tema fácil, el actual sistema monetario es un sistema menguante y ambos asuntos igualmente ciertos. El nivel de vida de los somalíes, sin gobierno ni Estado, siendo muy malo, es infinitamente mejor que cuando tenían ambas cosas. Comercian con monedas de conveniencia. ¿Qué pasaría si tuviéramos dos monedas y una de ellas fuera áun más estable y rumbosa que la otra? Correcto, que todos saldríamos ganado, que ganaríamos en eficiencia y destreza. Nuestras uñas y nuestro sistema nervioso serían los grandes beneficiarios. ¿Qué pasaría si los alemanes pudieran elegir entre marcos y euros y los franceses entre francos y euros y los italianos entre liras y euros? Sería bueno para todos siempre que existieran dos autoridades monetarias de distinta obediencia.

La Unión Europea no está protegida ni vacunada contra la quiebra de confianza en la economía de alguno de sus miembros ilustres o contra la explosión de intereses contrapuestos, diametralmente opuestos, entre sus partes. ¿Podemos proteger, aunque solo sea un poco, nuestro poder adquisitivo de dichas circunstancias? Cuando circunstancias extraordinarias entran por la puerta salen por la ventana la indepedencia de las autoridades monetarias y la confiabilidad de las series estadísticas.

La existencia de una única moneda en circulación se logra con violencia y severas penas de cárcel para los que se niegan a desafiar dicha norma. No se corresponde con la tendencia natural de las gentes. La imposición de una moneda es un mecanismo de control político de la población y nada tiene que ver con la eficiencia económica de la nación y con los derechos civiles y políticos de sus ciudadanos. La existencia del euro no ha mejorado ni un ápice, sirva de ejemplo, las expectativas económicas de Alemania, Francia o Italia. La existencia de varias monedas, los problemas de traslación contable, en nada afecta a la producitividad o al tráfico comercial. Contra lo que imagina la gente, ni lo perjudica ni lo beneficia. La existencia de varias monedas hace menos vulnerable, eso sí, la economía de las gentes, beneficia a su sistema nervioso y protege mejor sus uñas.


El día 30 de agosto, miércoles, más | ANTONIO YUSTE
Yosuf Imaz
Defecar sobre la Ley
DIPTERIUM 1. Con el terrorismo se negocia de la única manera conocida: cediendo. ¿Qué significa ceder? Significa aparcar la Ley, dejarla en suspenso y pastelear para imponer un acto político al amparo de un supuesto bien superior. En España el bien superior que se invoca para defecar sobre la Ley, para pactar con Eta, es la Paz, la Paz en sí, ese bien superior en nombre del cual se puede pactar todo, el acercamiento de presos, su liberación, la autodeterminación y lo que pete. El problema que tienen los bienes superiores, ya se sabe, a merced, es que son bienes de ida y vuelta que dependen de los actos políticos y los actos políticos fuera de la Ley tienen poco recorrido. Poco recorrido. Ida y vuelta. Eta, el PNV y zETAp no debieran perder la perspectiva. Eta quiere sacar a sus presos de la cárcel y la humillación de los españoles, el PNV quiere la humillación de los españoles y el PSOE quiere cacho aunque sea a costa de la humillación de los españoles. Eta, el PNV y el PSOE tienen que saber e imagino que a estas altura ya lo saben, que es mucho querer. Ni el PSOE, ni el PNV, ni Eta, juntos o por separado, pueden construir la paz aunque si puedan provocar una guerra. La guerra total contra la impunidad.
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