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LA POLÍTICA SEGÚN NADIE
La Gran Utopía
Nell Devitt. Leap Year
E
N EL IDEARIO DE los electores del PP, del PSOE, de los de IU, de los nacionalistas y de los que no opinan o se abstienen, está inscrito a fuego que todo permanezca inalterable en lo fundamental y por los siglos de los siglos. Son electores que acuden, haciendo alarde de sensatez y severidad en el gesto, a la estratagema infantil de tildar de utopía todo lo que contraviene sus necesidades profundas. ¿Y cuáles son sus necesidades profundas? Que nada cambie, que todo lo que está a su alrededor siga respondiendo a los patrones convencionales que ya conoce y de los que ha aprendido a precaverse. No que ha aprendido a dominar sino a precaverse. El discurso varía unos pocos grados cuando los que están en el poder son los suyos o consideran que son de los suyos y entonces ya no se trataría de precaverse sino de aprender a aprovecharse, de saber aprovecharse. Es la política según nadie. La Gran Utopía, el dorado del elector español.

Los electores españoles celebran la política como una maldición, es la celebración de los manejos de la caja pública, la celebran al estilo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, que dejó escrito en
El Gatopardo, donde nos cuenta la historia de Don Fabricio, príncipe de Salina, que «Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. Una de esas batallas en las que se lucha hasta que todo queda como estuvo. No queréis destruirnos a nosotros, vuestros padres. Queréis sólo ocupar nuestro puesto. Para que todo quede tal cual. Tal cual, en el fondo: tan sólo imperceptible sustitución de castas».

El elector español tolera mal ir al fondo de las cosas. No le apetece y exige libertad para tildar de utópico al que se propone ir al fondo de las cosas, reclama autonomía para estigmatizar de utópico al que se aproxima al fondo de la cuestión. La Gran Utopía del español medio y por lo tanto de los partidos clásicos, es que se celebre la política como una maldición, al estilo de Don Fabricio.

Los españoles utilizamos con tono imprecativo la utopía para deshacernos de quien nos impele a razonar. La utilizamos también de modo oportunista para provocar un cambio de castas. Así somos los españoles. Nos servimos de la “utopía” de Tomas Moro, que aspiraba a una sociedad organizada racionalmente, para nuestros propios antojos y es justo decir que cuando nos proclamamos
utópicos somos cacotópicos o distópicos, porque estamos celebrando la maldición de la política, y cuando estigmatizamos a alguien de utópico lo hacemos a conciencia para apartar la razón, lisa y llanamente, de nosotros.

La Gran Utopia de los españoles es que todo cambie para lograr que todo siga como está. A los españoles les importa saber quien manda y si es de los suyos. El fondo de la cuestión no es cosa que importe a los españoles, al revés, es asunto que recurrentemente rechazan a la espera de que otros, ¿otros?, si otros, quién sea, de fuera preferiblemente, cambien el compás. La Gran Utopía de los españoles es en realidad, una distopía o cacotopía, esto es, celebrar la política como una maldición. Tienen adición a su cacotopía, la tienen en todos los grupos sociales, en todos los estamentos.

La Gran Utopía de los españoles es el culto a la maldición y a la gangrena de las cosas. Cuando un español rechaza a otro por
utópico esta celebrando su Gran Utopía, que nada importante cambie, lo que es un imposible físico, un absurdo teórico y práctico, porque las circunstancias objetivas siempre cambian. La Gran Utopía de los españoles, su distopía o cacotopía, es el delirio, su adicción enfermiza y decadente a la perennidad de las cosas y que todo lo que tenga que ocurrir mañana reproduzca con fidelidad lo que ocurrió ayer. Es la negación del tiempo, es la negación de las leyes naturales, es la negación de sí mismos y la negación irracional de su finitud material. Existe Teología de la Liberación y Teología del Absurdo o Gran Utopía.

Por eso los políticos del PP, los que quieren cambiar las cosas son calcomanía del resto de compañeros del Congreso de los Diputados, no importa el color. Quieren que todo cambie para que todo permanezca igual. A eso aspiran los políticos del PSOE, a que todo cambie para que todo se permanezca fiel a sí mismo. Es el eterno mamoneo, mamoneo político, jurídico, económico y militar. Asistimos a la quincuagésima reedición del mamoneo inextinguible al que nos tiene acostumbrados la política según nadie. En España hace mucho tiempo que no se hace política. Nos conformamos con el ramoneo y las mamadas, que tanta expectación levantan y con la que tanto se diverte la afición.

El grotesco espectáculo de la risible OPA de Gas Natural, organizada como una captura a punta de navaja de Endesa, utilizando como ariete al Palacio de La Moncloa, ha puesto todas las cartas boca arriba. Es falso que la fusión y el crecimiento entre grupos energéticos haga a los grupos energéticos más consistentes e interesantes. ¿Grandes empresas energéticas?, ¿qué cosa es esa, para qué sirve?, ¿sirve para crear más empleo, mas tecnología, mas ingresos? El tamaño de las empresas es algo que compete, exclusivamente, a los accionistas. E.On, como Gas Natural, como Endesa, no son más que comercializadoras de energía en mercados fuertemente regulados que las eximen de competencia, cuya tecnología no controlan y que queman recursos fósiles que no tienen.

Son empresas que por decreto se crean y por decreto se extinguen. Si se las cuartea en mil empresas, nada cambia. El negocio de las empresas energéticas es un negocio, tal como está planteado en Europa y en el mundo occidental, que necesita ser revisado en su totalidad. Es insostenible y mucho conviene a los europeos desregularlo como es debido y dejar que aflore la competencia, la competencia de verdad, y que fluyan las nuevas tecnologías energéticas sin tanta zancadilla interesada.

Los llamamientos al patriotismo de zETAp y de los señores de la Caixa son descorazonadores. No es convincente que quien no sabe qué es España, si una nación o una monda de patata, y que tantas veces lo ha repetido, zETAp, invoque el patriotismo para protegernos de la afrenta alemana. Más guasa tiene que la Caixa se torne de un día para otro una españolísima institución financiera. Bienvenidos al patriotismo aunque sigan siendo, no obstante, unos cantamañanas. Si zETAp tiene como estrategia principal de gobierno dispararse a los pies cada mañana, la Caixa, la honorable, conducida con mano de hierro por Ricardo Fornesa y Antonio Brufau tiene por norma tirarse a la yugular de sus propios intereses. La OPA de Gas Natural sobre Endesa ha sido un gravísimo error estratégico y de marketing, incomprensible, con gravísimos destrozos colaterales para la imagen de la Caixa. Se merece el uno y los otros, lo peor.

¿Y qué decir del PP? Su estrategia política consiste en no tenerla, en estar mamándola todo el día y en no tener más política que echar al PSOE al mar. Es cierto que el PSOE se merece que una gigantesca ola le revuelque en el fango y se refocile con ellos. Es cierto. Pero tal asunto no exime al PP de ser otro tanto, más de lo mismo, un ariete para seguir celebrando la maldición de la política, al estilo de Don Fabricio, para seguir festejando la cosa de quítate tu que pongo yo, la Gran Utopía de los españoles, la distopía o cacotopía autóctona
.


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ANTONIO YUSTE
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